Enrique Eskenazi: un hombre de fuertes lazos con Kirchner

Enrique Eskenazi, ex ejecutivo de Bunge y Born y actual titular de Petersen Inversiones (PISA), muy amigo de los ex Ministros menemistas Corach y Jassan – su apoderado en el Banco de San Juan -, adquirió la mayoría accionaria de éste por once millones de pesos, y desde él, por diez millones compró el 51% del paquete accionario del Banco de Santa Cruz, operación comercial ésta que seguramente por la irradiación simpática de las pupilas de Eskenazi y Kirchner devino en una íntima amistad, que le facilita a Eskenazi entrar a la Casa Rosada cuando quiere, y a “K” tener un banquero aliado que le “banque” algunas operaciones …

Enrique Eskenazi

EL BANQUERO K.

Enrique Eskenazi ingresó en el mundo de las finanzas a mediados de los ‘90 cuando compró el Banco de San Juan. En 1996 conoció a Néstor Kirchner al tiempo que comenzaba las negociaciones para adquirir el Banco de Santa Cruz. Este año, Eskenazi logró construir un triángulo económico financiero con la compra del Banco de Santa Fe. Con esta entidad, Eskenazi controla en total $ 2.100 millones en depósitos en un eje que une la Patagonia, Cuyo y la zona agropecuaria más rica del país (Santa Fe, Córdoba y el norte de la provincia de Buenos Aires), que cuenta con el puerto de Rosario como vía de salida al exterior. La compra del 93,4% de las acciones se realizó por $ 133 millones.

Con el triángulo (¿llegará a ser como el de las Bermudas?) cuyos santos vértices se posan en San Juan, Santa Cruz y Santa Fe, este grupo económico afín al poder (sea menemista o kirchnerista) controlará más de dos mil millones en depósitos bancarios, será el agente financiero exclusivo de las tres Provincias involucradas, además de anclar sus negocios e intereses en el puerto de Rosario, de donde el año pasado salió el 78% de las exportaciones argentinas provenientes del agro.

“Eskenazi consolida un triángulo que une tres regiones clave. En Santa Cruz, lo acerca a la producción petrolera y minera, con las perspectivas de financiamiento que estas industrias puedan necesitar. En Cuyo, lo pone en contacto con los productores agroindustriales locales y las empresas mineras, y acorta la distancia con el mercado chileno, donde ya realizó algunos negocios con su constructora. Su llegada a Santa Fe lo conecta con el 75% de los exportadores agropecuarios del país y lo deja a un paso de uno de los puertos más importantes de la Argentina”.

La expansión de Eskenazi:

El 17 de septiembre, el Banco Central autorizó al Banco de San Juan a convertirse en el controlante del paquete accionario del Nuevo Banco de Santa Fe, un banco de origen provincial que ya estuvo en las manos privadas de los hermanos Röhm.

La Resolución 373/03 fue firmada para el disgusto de varios directores que no aceptaban las condiciones del oferente.

Luego de ausencias repentinas y con la disidencia de los directores Arturo O´Connell y Augusto Magliano, una votación dividida, puso en manos de Don Enrique al banco por el que también pujaba Brito, del Macro Bansud, denostado por Kirchner, por su figura pegada al aparato menemista y el conocimiento de sus aportes al gobernador Romero en la última campaña.

La puja interna en el Central mostraba que algo no estaba claro y la importancia de los apoyos y mensajes que llegaban desde los nuevos personajes de la política nacional.

Puntos de contacto

Don Enrique es un empresario típico de la Argentina, abarca mucho con poco, sus empresas constructoras (y el paradigma es Petersen Thiele y Cruz) suelen ser un reservorio de técnicos y proyectistas antes que una constructora de las que juegan obreros y maquinarias, trabajos que casi siempre terceriza.

Con dificultades se alzó con el Banco de San Juan, luego de varios fracasos, pero obtuvo la pata financiera del imperio naciente.

Su otro paso en esa dirección fue quedarse con otro banco de provincia en condiciones de privilegio como nuestro banco “del lugar” y proyectarse hacia el manejo directriz de las grandes obras públicas que emergían de las abultadas billeteras del Gobierno provincial.

De su estómago insaciable y revestido con grueso amianto hablan las causas penales que duermen en la justicia provincial, como la del famoso Borde Costero en su primera etapa y sus manos sobre los ATN de Corach.

Don Enrique, además de su proclamado origen santafesino, tiene amigos en común con el primer mandatario.

Kirchner bajó los pliegos de los directores colocados por Duhalde y elevó el de Juan Carlos Nougués, especialista en procesos de reestructuración y fusiones bancarias, amigo de Eskenazi y cofirmante con K de los acuerdos por el Transpatagónico, (representando a Neuquén) y bajo la tierna mirada del señor de Anillaco.

¿Quién compra a quién y con qué?

El chico que se queda con el grande, es la síntesis de la operación.

Los diputados santafesinos hablan de números que los preocupan, como quien se quema con mala leche y llora cuando ve a Reuteman abrazado con los Rohm.

El Banco de San Juan con activos en depósitos de $ 380 millones compra el Nuevo de Santa Fe con $ 2.250 millones en el mismo rubro.

El de San Juan tiene 300 empleados contra poco más de 1.930 que se
distribuyen en 125 sucursales del Banco de Santa Fe, mientras las del San Juan sumadas al Santa Cruz están en 40 sucursales.

“Me resulta muy sugestivo que un banco mucho más grande sea absorbido por uno más pequeño sin incorporar ningún capital fresco”, dijo el diputado nacional UCR-Santa Fe, Carlos Iparraguirre.

“Las desproporciones a favor del NBSF, en relación con su adquirente, representa un salto al vacío del comprador en la perspectiva de intentar gestionar una empresa con volúmenes financieros absolutamente mayores a los que viene manejando y encierra un alto riesgo, mayor quizás al que se corrió al momento de la privatización con los Rhom, por la condición impuesta de fusión, con el solo objeto de ahorrarle al comprador los aportes comprometidos”, agregó.

Además, agrega el legislador, “el Banco de San Juan, no reúne el patrimonio neto mínimo establecido por la provincia de Santa Fe para la licitación de la transferencia de las acciones del NBSF, condición a la cual permanece sujeto el convenio de vinculación de la provincia con el banco, a los efectos de que fuera su agente financiero, según se establece en el Decreto 584/02”.

Los senadores del PJ tampoco están contentos por la operación, están pidiendo las carpetas porque algo no les cierra: “El esquema de transferencia de acciones aprobado es altamente ventajoso para la entidad adquiriente, a tal punto, que podría concretarse sin el desembolso de un solo peso.”

Esta situación fue advertida la semana pasada por el diputado nacional Carlos Iparraguire (por Santa Fe), que en diálogo con LT9 señalaba: “el Banco de San Juan, ante su falta de recursos frescos para capitalizar el Banco de Santa Fe, de acuerdo a lo que establecía la compulsa, se comprometió a través de sus accionistas a aportar mediante la emisión de obligaciones negociables, la suma de $ 20 millones, en los 30 días siguientes a la transferencia”.

Luego, para completar la oferta de $ 133 millones realizada para quedarse con el manejo del agente financiero de la provincia de Santa Fe, el Banco de San Juan asumía el compromiso de suscribir dentro del primer año obligaciones negociables por $ 47 millones, y a los 18 meses completar el aporte, mediante otra emisión de obligaciones negociables por $ 66 millones.

Sin embargo, la resolución del Banco Central establece una salvedad: si el Banco de San Juan se fusiona con el Nuevo Banco de Santa Fe antes de los 12 meses, queda sin efecto el compromiso de aportar los fondos provenientes de las obligaciones negociables.

Por este motivo, Iparraguirre advirtió que “la fusión constituye la maniobra a través de la cual se consumaría una operación por la cual, sin poner un solo peso de capital propio, el Banco de San Juan se quedará con el Nuevo Banco de Santa Fe, ya que incluso los $ 20 millones aportados inicialmente, al fusionarse los bancos, vuelven a su titular, el Banco de San Juan”.

Para Iparraguirre, “las desproporciones a favor del NBSF, en relación con su adquirente, representa un salto al vacío del comprador en la perspectiva de intentar gestionar una empresa con volúmenes financieros absolutamente mayores a los que viene manejando y encierra un alto riesgo, mayor quizás al que se corrió al momento de la privatización con los Rhom, por la condición impuesta de fusión, con el solo objeto de ahorrarle al comprador, los aportes comprometidos”.

Además, agrega el legislador, “el Banco de San Juan no reúne el patrimonio neto mínimo establecido por la provincia de Santa Fe para la licitación de la transferencia de las acciones del NBSF, condición a la cual permanece sujeto el convenio de vinculación de la provincia con el banco, a los efectos de que fuera su agente financiero, según se establece en el Decreto 584/02”.

La conducción del BCRA debió extremar la imaginación para encontrarle la vuelta a sus propias normativas y comenzó por generar excepciones: “Tenemos la sospecha de que ha habido fuertes presiones políticas para que se autorizara esta operación que requirió de distintas dispensas o excepciones del Banco Central ante distintas normas que no se respetaron en esta ocasión”, reveló Carlos Iparraguirre.

“Una de estas excepciones le permitió al Banco de San Juan eludir la obligación de descontar de su patrimonio la participación accionaria en el Nuevo Banco de Santa Fe, bajo la promesa de improbables capitalizaciones futuras”.

Otra facilidad otorgada para concretar la operación fue aceptar, como mejora en la garantía de liquidez del Banco oferente, la incorporación de $ 50 millones aportados por el gobierno de Santa Cruz, a través de 2 plazos fijos de $ 25 millones cada uno, $ 20 millones más de los que pagó Eskenazi, en moneda constante, por su adquisición a la provincia, del Banco Santa Cruz.

Finalmente, Iparraguirre señaló lo que puede ser la estrategia de gestión del grupo Petersen. “En la resolución del BCRA se lo autoriza a ciertas figuras técnicas que anticipan retiros e indemnizaciones, con lo cual el Banco de San Juan está adelantando alguna reducción en la estructura actual del Banco de Santa Fe”.

Un lector apasionado, que nos remitió algunas notas, dejó su constancia de la honestidad del Dr. O´Donnell, lo que lo lleva a pensar que si se opuso es por que encontró incorrecciones.

Sobre los restos del menemismo, un señor feudal construye su propio reino.

Fuente: Urgente24.info

(*) El Ciudadano, Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, 2003.

Los negocios del banquero K

Es propietario del Banco San Juan, del Santa Cruz y acaba de ganar la licitación por el de Santa Fe, con lo que consolida un eje financiero entre la Patagonia, Cuyo y el Litoral. Este ingeniero, dueño del grupo Petersen Thiele & Cruz, es amigo del presidente Néstor Kirchner y uno de sus consejeros.

Tiene 77 años, es ingeniero químico con un posgrado en Chicago y cultor de un estricto bajo perfil. Desde 1980 es el accionista mayoritario de la constructora Petersen Thiele & Cruz, una empresa casi centenaria que participó en importantes obras en el país. A medidados de los ’90 decidió expandirse en el sector financiero y, a través de Petersen Inversiones (PISA), compró el Banco de San Juan. Conoció a Néstor Kirchner hacia el ’96, cuando comenzó la negociación por la adquisición del Banco de Santa Cruz y de inmediato entre ellos nació una amistad que se fue consolidando con el tiempo. En estos días suma a sus negocios otra perla, el nuevo Banco de Santa Fe y, junto a las otras dos entidades, va a controlar $ 2.100 millones en depósitos en tres puntos estratégicos de la Argentina: la Patagonia, Cuyo y la rica zona agroganadera del Litoral y norte de la provincia de Buenos Aires con salida al exterior por el puerto de Rosario. Enrique Eskenazi tiene línea directa con el Presidente y las puertas de la Casa Rosada abiertas con sólo pedirlo.
Antes de comprar el grupo Petersen, Eskenazi fue un alto ejecutivo de Bunge y Born e incluso llegó a ser presidente de la Copal. Su conocimiento del negocio de los commodities, sumado a su capacidad por encontrar nichos rentables, hicieron que la idea de tener un banco que uniera financieramente in situ campo y exportación cobrara fuerza estos últimos años. Más cuando, a partir de la devaluación, la venta de productos agropecuarios al exterior se hizo sumamente atractiva.
La oportunidad se le presentó cuando el Banco Central decidió que el Nuevo Banco de Santa Fe quedara a cargo de un fideicomiso encabezado por el ABN Amro, tras la caída del Banco General de Negocios, en abril del año pasado, para vender el paquete accionario al mejor postor. El BGN, de los hermanos José y Carlos Rohm, había adquirido el 90% de la entidad santafecina en 1998.

Una puerta al mundo.

Ganar la licitación por el Banco de Santa Fe le permite a Eskenazi expandirse hacia una de las zonas más ricas de la Argentina, que tiene el agregado de una salida al exterior directa. Desde los puertos de Rosario se exportaron el año pasado 38,5 millones de toneladas, principalmente de granos, subproductos y aceites: el 78% de las ventas del país al extranjero. Estos muelles concentran la producción de lo que se conoce como la zona Rosafé, que abarca el centro y sur de Santa Fe, sur y este de Córdoba y el norte de la provincia de Buenos Aires. Con este banco, el grupo Petersen tiene la posibilidad de financiar exportaciones e importaciones y otorgar créditos a pequeños y grandes productores. Para esto cuenta con una red de 133 sucursales que cubren toda la provincia y se extienden a Córdoba (2) y Buenos Aires (2) y en sus arcas dispone de depósitos por un total de $ 1.600 millones, aunque su resultado neto en el 2° trimestre de 2003 fue negativo en $ 25 millones.
El 75% de los exportadores argentinos tiene cuenta en esta entidad. “El despegue de la Argentina está íntimamente ligado al crecimiento de la actividad financiera y la banca regional es una herramienta indispensable para el desarrollo financiero y económico de las provincias”, señaló Eskenazi luego de expresar su “enorme satisfacción” por haber ganado la licitación.
Pero no fue un camino llano el que tuvo que transitar para quedarse con el banco. La propuesta del Banco San Juan, cuyos accionistas son el grupo Petersen (51,4%), Banco Piano (18,9%), la provincia (16,7%), Industrias Chirino (10%) y otros, duplicó la del resto de los oferentes: Macro/Bansud y Comafi; Bamex, y La Caja: la compra del 93,4% del paquete accionario fue por $ 133 millones. Sin embargo, las negociaciones duraron cuatro meses, ya que el Central le reclamaba a Eskenazi que capitalizara al banco por el total de la compra. La negociación se cerró cuando se acordó que se haría un aporte de capital de $ 20 millones, la colocación de un plazo fijo por un año de $ 25 millones y una emisión de ON.
AMIGOS SON LOS AMIGOS.

Estas idas y venidas entre la gente de Alfonso Prat Gay y el Banco San Juan fueron advertidas por ejecutivos de la entidad cuyana como “un mensaje claro de que para el presidente de la Nación no hay privilegios”. Sin embargo, la amistad entre Kirchner y el empresario y banquero es de lazos fuertes. El Presidente estuvo el pasado 6 de setiembre en la inauguración de la ampliación de la sucursal de Río Gallegos del Banco Santa Cruz, obra que realizó Petersen, Thiele y Cruz (PTC). Para Eskenazi no hay intermediarios con el primer mandatario y sus pedidos de audiencia son aceptadas de inmediato, más allá de lo complicada que pueda ser la agenda presidencial. Si él no puede ir en persona, lo reemplaza su hijo Sebastián, su mano derecha y quien hederó de Enrique el gusto por los buenos negocios.

La relación entre Kirchner y Eskenazi nació en Santa Cruz en 1996, cuando el empresario se interesó en la licitación del Banco de Santa Cruz. El grupo Petersen ya había realizado obras de construcción en esa provincia, pero el acercamiento entre uno y otro se dio durante la complicada privatización de esa entidad financiera. La oposición al entonces gobernador Kirchner denunció “un proceso de vaciamiento del banco ya que, para venderlo, se pasó a una cartera residual una pérdida de $ 160 millones o u$s 160 millones de entonces, que los oferentes no aceptaban”, asegura el diputado provincial por la UCR Roberto Gibetich. Sin embargo, estas voces críticas coinciden en que en la privatización propiamente dicha “no hubo anormalidades groseras, aunque hayan pagado $ 10 millones por el banco. En realidad, el grupo compró un sello”, indica el diputado. Petersen Financiera tiene el 51% de las acciones, mientras que la provincia se quedó con el 49% restante.
Actualmente, el Banco Santa Cruz tiene 19 sucursales (incluye una en Buenos Aires y otra en Tierra del Fuego), cuenta con depósitos por $ 300 millones y su resultado neto del 2° trimestre de este año fue de $ 10 millones. Maneja los sueldos de la administración pública y las jubilaciones, el pago a los proveedores, los fondos por regalías y coparticipación federal y el dinero de los municipios.
“Con respecto a la constructora, pasó de tener un bajo perfil a participar de grandes licitaciones luego de la privatización del banco”, advierte Gibetich. Hoy, la provincia, que en la última década destinó u$s 1.500 millones para obras, tiene a PTC como su principal contratista y se prevé una importante inversión nacional a partir del plan de obras públicas anunciado por el ministro de Planificación Federal, el santacruceño Julio de Vido.

Cuyo.

La provincia de San Juan fue la cabeza de playa donde Eskenazi se lanzó al ruedo del mundo de las finanzas. La zona de Cuyo es cara a los afectos del Grupo Petersen: la empresa construyó el centro de esquí Los Penitentes en Mendoza y en San Juan adquirió 10.000 hectáreas donde tiene plantaciones de olivos y viñedos.

Pero la licitación del Banco de San Juan también tuvo dificultades similares a las del Santa Cruz: el diablo político metió la cola y esto complicó los planes de la familia Eskenazi. “El gobierno decidió que la provincia tomara la cartera de morosos y se endeudó con el Banco Nación por u$s 250 millones. Privatizó el banco saneado, lo vendió por $ 11 millones y de esa cartera residual no se recuperó nada”, señala la diputada local por la UCR, Delia Papano
Como en el caso patagónico, las críticas no apuntan a Eskenazi: “A los privados no se les puede adjudicar mala fe cuando el gobierno es el que regala un banco. Por otra parte, reconozco que el banco está funcionando bien”, advierte Papano.
Si bien en este caso la entidad también maneja los sueldos estatales y otros fondos provinciales, a diferencia del banco santacruceño, Eskenazi tiene en esta región oportunidades reales de financiar con créditos la producción de pequeñas, medianas y grandes empresas. Para esto, cuenta con 12 sucursales en San Juan, dos en Mendoza y una en Buenos Aires, depósitos por $ 250 millones y obtuvo un resultado neto, al 30 de junio pasado, de $ 24 millones. Los proyectos del empresario para Cuyo incluyen nuevas sucursales en Mendoza, Córdoba, La Rioja, Catamarca y San Luis. “Estas aperturas intentan dar respuesta al constante flujo de inversiones que recibe la zona, mayormente en minería, agroindustria y turismo”, dicen en el banco.
LA FAMILIA. Como buen pater familiae, Eskenazi ubica a sus herederos dentro de la estructura de sus empresas. En el caso del banco Santa Cruz, él es el presidente, mientras que sus hijos Sebastián y Matías tienen cargos de vicepresidentes. En el San Juan, el empresario conserva la presidencia y Matías y Sebastián son directores suplentes.

Su otro hijo, Ezequiel Eskenazi Storey, si bien está relacionado con los negocios familiares, tiene mayor vocación por la actuación: trabajó en la obra Lulú que se presentó en el Teatro San Martín y en la película Highlander II, que se filmó en la Argentina.

En las decisiones finales, es Enrique quien tiene la última palabra.
Calificado por sus pares como un “excelente emprendedor”, es una persona amable, puntillosa, sencilla y cultora de un estricto perfil bajo. Fiel con sus amigos (además de Kirchner, entre ellos figuran su vecino del country Highland, Carlos Corach, y el ex ministro menemista Elías Jassan, quien también es abogado de PTC), su imagen trascendió un reducido círculo a partir de la compra del banco Santa Fe.

La trilogia.

Al haber obtenido la licitación de esta entidad, Eskenazi consolida un triángulo que une tres regiones clave. En Santa Cruz, lo acerca a la producción petrolera y minera, con las perspectivas de financiamiento que estas industrias pueden necesitar. No es casual que el Grupo Petersen haya participado en la ampliación del muelle Orión de YPF en Ushuaia. En Cuyo, lo pone en contacto con los productores agroindustriales locales y las empresas mineras, y acorta la distancia con el mercado chileno, donde ya realizó algunos negocios con su constructora. Finalmente, su llegada al Banco Santa Fe lo conecta con el 75% de los exportadores agropecuarios del país y lo deja a un paso de uno de los puertos más importantes de la Argentina.
Esto se suma a la sincronía que mantiene con la actual política económica del Gobierno nacional y a que Kirchner no sólo comparte con él una similar comprensión de la realidad sino que tiene en Eskenazi a uno de sus más objetivos consejeros: independiente en sus opiniones, su constructora no integra la Cámara Argentina de la Construcción y se retiró de Abappra en abril.

En la interna financiera, gana Kirchner. 03 Apr 2004

Pablo Benito – Enrique Eskenazi, el llamado “banquero de Kirchner” no pierde tiempo siquiera en mirar el Congreso del PJ de Barrio Norte. La estratégica toma del Nuevo Banco de Santa Fe, por unos pocos pesos, fue sólo el comienzo. Ayer hizo la mejor oferta “líquida” por el Banco Suquía, aunque la apertura de sobres no fue del todo clara. La república sojera, que liquida divisas, alimenta al nuevo Moneta del presidente. Sólo quedaen el horizonte, del hombre que naciera económicamente en Santa Cruz tomando el privatizado Banco de esa provincia, apropiarse del BERSA y el BISEL

Las ofertas y las dudas.

El Grupo Roggio ofertó $15 millones de capitalización y un auxilio $150 millones que debería aportar Sedesa (Seguro de Depósito S.A.), la firma que administra los fondos que los los bancos aportan para “asegurar” los depósitos si un banco entra en problemas. La oferta de Roggio fue la misma que hizo en la anterior licitación, sólo que en aquella oportunidad le pedía a Sedesa $260 millones.

El Banco Hipotecario ofreció $ 118 millones para capitalizar al Suquía, y no pide plata a Sedesa.

Algo similar propuso el Nuevo Banco de Santa Fe, que está dispuesto a aportar $ 136 millones y tampoco tiene previsto pedirle plata a Sedesa.

Por su parte, el Macro-Bansud ofreció $ 288 millones para capitalizar el banco y pidió una ayuda de $ 120 millones a Sedesa. Además, propuso la emisión de un bono por $ 100 millones, que le sería vendido a Sedesa.

Si los funcionarios del Macro-Bansud convencen a Sedesa de comprar ese bono, la oferta del Macro sería la más atractiva, al menos en términos estrictamente aritméticos, ya que descontando los $ 120 millones que aportaría Sedesa, a la oferta del Macro sería de $ 168 millones.

La cronología de los hechos señala que en horas del mediodía comenzaron a llegar al salón del Banco Nación los oferentes con sus cajas y sobres lacrados, tal como se solicitaba en el pliego. Primero llegaron los representantes del grupo Roggio, luego los del Hipotecario, más tarde los del Macro-Bansud y por último los del Banco de Santa Fe. Pero a la hora de abrir los sobres empezaron las impugnaciones.

La primera fue planteada por el Hipotecario contra Eskenasi (Banco de Santa Fe), porque su presentación no cumplía con los requisitos formales: la caja en la que iba la carpeta con el plan de negocios solicitado estaba abierta (el pliego la pedía taxativamente cerrada) y el sobre con la oferta, roto. Más tarde se comprobaría además que a la oferta de Eskenasi le faltaban algunas hojas.

A la impugnación del Hipotecario le siguió un pedido de vista del Macro-Bansud, que implicaba conocer el contenido de todas y cada una de las ofertas. Pero ninguno de los planteos pudo ser resuelto porque el comité de evaluación estaba trunco: faltaban los representantes del Banco Central (sin aviso) y de Economía (quien ejercía ese cargo, Miguel Pesce, es desde anteayer ministro de la intervención federal en Santiago del Estero).

El Suquía, al igual que el Bisel y el Banco de Entre Ríos, son controlados por el Banco Nación desde mayo del 2002 luego de que el Credit Agricole se desprendiera de estas entidades.

Banco Suquía cuenta con una red de más de 100 sucursales ubicadas en los principales polos económicos del país: Córdoba, Capital Federal, Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Tucumán, San Juan, San Luis y Mendoza.

La casa central funciona en Córdoba y en el centenar de sucursales trabajan más de 1.200 empleados.

De concretarse la operación se formaría el holding financiero privado más importante del interior del país, y en los círculos bancarios ya comentan que el titular del holding, Enrique Eskenazi, es “el banquero de la Región Centro” debido a que pasaría a manejar las dos entidades privadas más importantes de Santa Fe y Córdoba. El poder económico que concentrará el grupo es de importancia porque ambos bancos tienen una fuerte injerencia en dos de las provincias que más se están reactivando de la mano del agro y la industria. Es más, cuando todavía no quedó firme la compra del Suquía, ayer ya corrieron versiones de que el NBSF apunta ahora a participar en la licitación, todavía sin fecha, del banco Bersa de Entre Ríos, la otra entidad que también era del Crédit Agricole –junto con el Banco Bisel– y ahora maneja el Banco Nación.

Fuentes: Tercer Mundo On Line .

El Ciudadano (*) lo dirige Daniel Gatti, autor de Kirchner, Amo del Feudo.

Partido Socialista Democratico de Santa Fe .

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